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LA ISLA DE SANTORINI PDF Imprimir E-Mail
Santorini es un pequeño grupo de islas volcánicas a 110km al norte de Creta compuesto por Thira (la isla principal), Thirassia, Nea Kameni, Palea Kameni y Asponisi, aunque tiende a llamarse Santorini a Thira por ser la más grande, popular y accesible. Aparte de Thira, Thirassia es la única isla poblada......
Santorini es un pequeño grupo de islas volcánicas a 110km al norte de Creta compuesto por Thira (la isla principal), Thirassia, Nea Kameni, Palea Kameni y Asponisi, aunque tiende a llamarse Santorini a Thira por ser la más grande, popular y accesible. Aparte de Thira, Thirassia es la única isla poblada.
   Santorini es la isla más espectacular de las Cícladas, quizá la tierra de la legendaria Atlántida de Platón, importante centro de la civilización minóica, objeto de codicia de piratas y de diversas naciones, escenario de célebres películas, la perla del Egeo. Santorini es un volcán conocido en los anales de la historia como Thera, Kalliste, Strongyle… Su nombre actual, dado en el s. XIII por los venecianos, se lo debe a una antigua y pequeña iglesia ubicada en la isla de Thirassia, dedicada a Santa Irene.
   El conjunto de islas no es sino el resto del cráter de un volcán, lo que quedó de él tras la descomunal erupción de mediados del s. XVII a.C. que hizo saltar la isla por los aires para luego sumergirla en las aguas del Egeo. Thira, con forma de media luna, recoge en un gigantesco abrazo la Caldera, el cráter propiamente dicho, cerrando el círculo con Thirassia y Aspronisi, un islote deshabitado que en tiempos era parte del cráter unida a Akrotiri. Akrotiri es la sede de la “Pompeya griega". Una ciudad de mediados del s. XVII  a.C. (civilización minóica) cuyos habitantes pudieron huir a tiempo del cataclismo que se avecinaba, y que hoy sorprende al visitante con sus calles, sus plazas, sus casas, y los restos de vida cotidiana que sus moradores no quisieron llevar consigo. La gigantesca erupción, una de las mayores en la historia geológica del planeta, se ha puesto en relación con el colapso de la civilización minóica, cuyo centro neurálgico estaba en Creta.
    Su capital es Firá, un animado pueblo, centro neurálgico de la isla, literalmente colgado del acantilado de la Caldera. Allí donde pueden encontrarse todos los servicios necesarios para la isla. Firá cuenta con un puerto donde desembarcan los cruceros, comunicado con el pueblo a través de una escalinata excavada en la pared y por la que se puede ascender a lomos de un burro, y a través de un teleférico. Existe otro puerto en la isla, Athinios, más hacia el este, desde donde parten los ferries que comunican Santorini con otras islas y con Atenas.

   Ningún sitio mejor que Santorini para contemplar en conjunto las maravillas de la Tierra, el Sol, el Mar, el Viento, el Fuego y el Cielo. Ningún lugar mejor para enamorarse, para desperezar los sentidos y dejarse llevar por el alma omnipresente de la poesía, o para, simplemente, buscar en paz contemplando el mar el sentido a la vida a través de una copa de vino. Quizás el mejor lugar del mundo para decir un “sí quiero” o tal vez el mejor sitio donde descubrirse a uno mismo y pronunciar esas palabras que tantas veces se atascan y quedan en la garganta. Sus sobrecogedoras panorámicas sobre el mar, sus tierras volcánicas de estratos multicolores, sus campos sembrados de vides, pistacheros, higueras y plantas aromáticas, sus pueblos de blanco centelleante coronados con cúpulas de azul celeste,  abren los sentidos a una dimensión desconocida.

   No hay mejor cura para el alma que contemplar el sobrecogedor espectáculo de las vistas a la Caldera, ahí donde la isla recoge en un inmenso abrazo las quietas aguas del cráter, como para proporcionar un espejo añil al cielo infinito. O bien contemplar el ocaso desde Oia, aquel pueblecito bohemio del extremo más occidental de la isla donde los poetas hayan su musa en paredes encaladas de blanco cegador, o en las cúpulas azules coronadas con minúsculos campanarios y cruces ortodoxas, o en las parejas que contemplando el atardecer parecen estatuas de oro.

   Para el cuerpo, los privilegios del sol en playas cuya arena de color rojo, negro, blanco, desconciertan a ojos que jamás hubieran esperado semejante espectáculo de colores, completado por pequeños ejércitos de sombrillas que ofrecen guarida a las pieles menos curtidas. Y el Egeo... ese mar que apenas se inmuta como si temiese despertar a algún dios portador de tridente. Sobre sus poco comunes arenas esperan recibirnos la Playa Roja y Perissa entre otras.

   También alegra el cuerpo la mesa de Santorini, puramente griega si se quiere, o santor_1.jpginternacional si se prefiere estar como en casa. A ella acuden, además de toda una sucesión de platos típicos griegos y de dulces propios de Santorini, los afamados vinos del lugar, cuyas cualidades pueden comprobarse en las degustaciones que ofrecen las bodegas a lo largo de la isla. Puede optarse por un romántico restaurante colgado del cráter y con vistas a la Caldera, o uno en el concurrido paseo marítimo de Kamari, o quizá alguna de las múltiples tabernas con más sabor auténticamente griego que alegran los pueblos.

   Por supuesto,  la vida nocturna en Firá o en Kamari, que en locales cuidados con mimo nos evaden, nos transportan, nos animan, nos desinhiben. Decenas de cuidados locales nos invitan a una velada con ambiente a nuestra medida: música griega, jazz, rock, pop, chill out..., ningúna preferencia queda sin satisfacer.

   También para saciar el apetito cultural tiene Santorini qué ofrecernos. Las ruinas de la ciudad minoica de Akrotiri nos estremecen al principio, nos llevan de viaje por remotos tiempos después, y al final nos demuestran que al fin y al cabo poco hemos inventado los hombres modernos. Los restos de la Thera clásica nos contemplan desde el imponente promontorio del Profeta Elías, a cuyos pies se resguarda el bonito pueblo de Kamari. Pyrgos, Messariá, Monolithos, Perissa, Akrotiri, Imerovigli, Firostefani, rompen el paisaje de tierras de labor mientras contemplan en silencio y con sus puertas abiertas nuestro trasiego turístico. Merecen una mención especial los asentamientos tradicionales de la isla: casas, establos, almacenes e incluso iglesias excavadas en la blanda piedra pómez al resguardo del calor.

   Para los aventureros, bucear en las aguas del cráter de un volcán puede ser una experiencia de las que pocas personas pueden vanagloriarse. Para otros puede serlo hacer surf, kate-surf o volar en una moto acuática sobre las aguas del Egeo. Para los intrépidos, una excursión en barco por la Caldera, una ascensión a Palea o Nea Kameni entre retorcidos paisajes de magma petrificado que aún despiden fumarolas de azufre, un baño en aguas sulfurosas, y un buen plato de pescado en el puerto de Thirassia, llenarán sus diarios de historias que contar.
 

 
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